lunes, 20 de junio de 2011

LA AVENTURA DE SER MAESTRO

Me identifiqué mucho con la ponencia efectuada por José M. Esteve: "La aventura de ser maestro" , pues al analizar nuevamente mi tarea docente, puedo deducir que he ido aprendiendo a ser profesora por ensayo y error, pues fui tomando experiencias de otros compañeros, haciendo investigaciones, etc.

¿Si se burlan de mi? ¿Y si me preguntan algo que no sepa contestarles? ¡Qué horror! Con esas dudas llegaba yo al salón, pero ese miedo de los primeros días como maestra fue transformándose con el tiempo en deseo de compartir lo que yo sé a mis alumnos y aprendí a tomar el control de mi misma y de la materia.

Apoyo la idea de que lo más importante en nuestro trabajo, es ayudar a los alumnos a que comprendan y entiendan el mundo que los rodea. Llegar al aula con el mismo entusiasmo con el que vamos a cobrar cada quincena, porque si el alumno ve que llegamos con desanimo, obviamente lo contagiamos y al fin del semestre no obtendremos buenos resultados en las evaluaciones o quizá asignemos buenas calificaciones pero los estudiantes no sepan nada. No debemos conformarnos con estas actitudes, ¿Cómo pueden llegar a satisfacernos?... Lamentablemente he visto que esto sucede.

Cierta vez, al estar elaborando en mi escuela en el área de docentes un plan de clase para el día siguiente, había un compañero que sentado tomando un refresco nos observaba a varios trabajando y le reclamé en tono de broma el por qué no hacía nada a lo que me respondió de la misma forma: " Y aún así me pagan". Quizá no sea este el caso, pero el impartir una clase solo para cumplir con el requisito de asistencia y recibir una remuneración económica, deja mucho que desear sobre nuestro papel como forjadores de la educación.

También es cierto que en ocasiones nos sentimos aburridos, con tedio, agobiados por los problemas personales, a mi me ha pasado... pero debemos sobreponernos a estos síntomas, no podemos mostrarles estos semblantes a los estudiantes porque dejarían de creer en nosotros como profesores... Los jóvenes son muy perceptibles y se dan cuenta de inmediato cuando entramos al aula, de nuestro estado de ánimo, de nuestra salud, si llevamos o no preparada la clase si tenemos miedode estar frente a ellos, etc.

En cuanto a la disciplina, nunca lo he visto como un problema, quizá porque en mi familia simpre se han manejado normas estrictas de conducta y con esta experiencia, creo que no siempre podemos mostrar una actitud dura ante los estudiantes, en ocasiones se debe ser flexible pero siempre delimitando los roles. Debemos identificar el comportamiento de cada grupo y así plantear cómo actuaremos en ellos.

Siempre vamos a encontrar al alumno que reprueba pero entrega todas sus tareas, al que siempre participa, al que obtiene dieces, al que platica en clase, al que no entra al salón, al que entra y no hace nada, etc. ¿Cómo podemos demostrar a estos muchachos tan diferentes entre sí y a nosotros mismos que somos buenos profesores?

Con respecto a esto, hay un punto que menciona el texto en el cual difiero, pienso que no sólo los profesores novatos deben adaptar su nivel de conocimintos académicos al nivel de conocimientos de los estudiantes, sino también los docentes con experiencia, pues es cierto, que en muchas ocasiones, hay profesores que exponen su clase y no se detienen a recoger a los alumnos que se van quedando tirados durante la explicación por ser muy rebuscada. Debemos ser profesores por convicción y detenernos a dar la mano a estas personas que esperan aprender mucho de nosotros... nuestros alumnos.

Yo estoy orgullosa de ser profesora. Quizá no estudié para ello, pero estoy convencida de que para ser buena docente, siempre deberé de estudiar. Quiero ser una profesora que deje huella.

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